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Titanic, un siglo de mitos y leyendas

Esta madrugada, a eso de las dos, se cumple un siglo del naufragio más famoso de la historia. Personalmente, es una historia que me apasiona desde hace muchos años. ¿Por qué? Pues tampoco podría explicároslo muy bien porque casi no lo sé ni yo. Quizá porque, como escuché hace unos días, el Titanic nos representaba a todos de una u otra manera. En él iban personas de todas las clases sociales, de multitud de nacionalidades, con diferentes empleos y sueños y todos ellos creían firmemente en la supremacía de la máquina sobre la naturaleza. Una soberbia que creo que tuvo su castigo. “Ni Dios podría hundirlo”, decían del “insumergible”, pero la codicia del ser humano tuvo su merecido.

Poco hay que decir que no se sepa ya de la historia de este trasatlántico. Han sido multitud las películas y los libros que han visto la luz contándola y, aún así, el Titanic sigue guardando con él secretos que quizá nunca vayamos a conocer. Yo, a través de este post quiero compartir con vosotros algunas de las leyendas, mitos e historias más curiosas que he escuchado a lo largo de los años sobre este buque. Antes de nada quiero contaros, brevemente, la historia:

“El 10 de abril de 1912 el Titanic partió desde el puerto inglés de Southampton en su viaje inaugural rumbo a Nueva York, un viaje que se había convertido en todo un acontecimiento porque ése era el barco más grande y lujoso de todos los tiempos. Propiedad de la compañía ‘White Star Line’, a él subieron 2224 personas entre pasajeros –divididos en tres clases- y tripulantes. Algunas de las grandes personalidades de la época que quisieron hacer este viaje se encontraban Bruce Ismay, presidente de la White Star Line; Thomas Andrews, constructor del Titanic; Jonh Jacob Astor, un rico coronel propietario de varios hoteles; Isidor e Ida Strauss, propietarios de los almacenes Macy’s; Benjamin Guggenheim, rico heredero de una familia norteamericana dedicada a la minería y la metalurgia; o la rica y excéntrica Molly Brown.

El Titanic hizo escala en Cherburgo, Queenstown, y Cork (Irlanda), donde subieron más pasajeros de tercera clase y se embarcó el correo. Los días pasaron tranquilos hasta que el 13 de abril empezaron a llegar las primeras noticias de avistamientos de bloques de hielo. El capitán John Edward Smith, con más de 38 años de experiencia profesional en la White Star Line y que se iba a jubilar tras el primer viaje del Titanic, ordenó cambiar ligeramente el rumbo para dejar de lado los grandes sectores de icebergs. La velocidad del Titanic era de 22 nudos y Smith consultó a Ismay si podía bajarla por el riesgo de los bloques de hielo. Este se negó porque deseaba hacer el mejor tiempo en su viaje inaugural.

El 14 de abril el trasatlántico navegaba por aguas excesivamente tranquilas que hacían más difícil el avistamiento de icebergs hasta que poco antes de la media noche, el vigía Frederick Fleet, dio el grito de alarma: “¡Iceberg por proa!”. En ese momento el primer oficial al mando William Murdoch (el capitán estaba descansando en su camarote) ordenó girar todo a estribor y dar marcha atrás para evitar el impacto. No lo consiguió. En el choque se dañaron cinco compartimentos estanco, lo que hacía ya imposible que el barco se mantuviera a flote, le quedaban de dos a cuatro horas de vida. En los botes salvavidas sólo había hueco para unas 1100 personas y sólo llegaron a subir a ellos 711.

Los operadores de radio comenzaron a mandar mensajes de auxilio. El barco más cercano, a diez millas de distancia, era el Californian que obvió las señales de auxilio del Titanic. Fue el Carpathia el que acudió en su ayuda, pero estaba demasiado lejos. A las 00.30 la proa ya estaba totalmente sumergida y el Titanic perpendicular al agua. A la 01.45 el agua alcanzaba la cubierta de botes y poco más tarde el trasatlántico ‘insumergible’ se hundió y con él 1500 personas.

El Carpathia llegó al lugar del naufragio a las cuatro de la mañana. Allí rescató a los supervivientes que se encontraban en los botes salvavidas y a algunos pasajeros que se encontraban en el agua sujetos a lo que podían y casi helados. El Californian llegó casi a las nueve de la mañana y su labor consistió en peinar la zona en busca de más supervivientes.

El viaje inaugural del Titanic había terminado y comenzaba así su leyenda.”

Curiosidades y mitos de la leyenda

– El Californian hizo caso omiso de las señales de auxilio del Titanic porque tenía el telégrafo desconectado por el mal trato que Philipps, el telegrafista del Titanic, les había dado y porque su capitán, Stanley Lord, creía que las bengalas blancas que lanzaba el trasatlántico se debía a una fiesta que estaban celebrando en cubierta. Según él, las bengalas debían haber sido rojas. Si hubiera hecho caso de las llamadas de auxilio, podría haber salvado a casi la totalidad del los pasajeros y tripulantes.

– Benjamin Guggenheim y su mayordomo subieron a su camarote, se pusieron un frac y bajaron al salón. Sabiendo que iban a morir decidieron hacerlo elegantes. Muchos cuerpos, como el de Benjamin, nunca se han encontrado.

– El constructor Bruce Ismay consiguió subir a uno de los botes quedando aún muchas mujeres y niños a bordo, lo que le llevó a ser duramente criticado.

– La última canción que algunos de los supervivientes escucharon de la orquesta, la Wallace Hartley Band, fue “Nearer, my God, to Thee”. Wallace Hartley, el director, fue enterrado como un héroe en Inglaterra, mientras que la White Star Line cobró a su familia por la pérdida de su uniforme.

– Si el oficial Murdoch no hubiera ordenado virar y el barco hubiera chocado de frente contra el iceberg, el Titanic no se habría hundido porque sólo se hubieran inundado dos compartimentos. Incluso podría haber seguido navegando.

– Si los vigías hubieran tenido prismáticos o hubiera hecho algo de viento, podrían haber avistado el iceberg antes y se podría haber evitado la colisión. Sólo habiéndolo avistado cinco segundos antes, podrían haber evitado la tragedia.

– En Halifax existe un cementerio en el que están enterrados los cuerpos sin vida que se rescataron del agua y que no han podido ser identificados. En total, hay 120 tumbas.

– Manuel Uruchurtu era el único pasajero mexicano en el Titanic. Cuando su bote salvavidas estaba descendiendo se dio cuenta de que en cubierta Elizabeth Ramell rogaba a un oficial que la dejara subir porque su familia la esperaba en Nueva York. Manuel le cedió su sitio con la condición de que ésta visitara a su esposa en Xalapa, Veracruz. En 1924 Elizabeth cumplió su promesa, pero después se comprobó que ella nunca tuvo familia.

– Alguno de los supervivientes ha contado que vio al capitán Smith acercarse a nado a un bote volcado llevando en sus brazos a una criatura. Uno de los operadores de radio contó cómo el capitán le dio ánimos cuando estaba en el agua flotando, cerca del bote volcado.

– Los hermanos Slade –Alfred, Bertram y Thomas- se salvaron de una muerte segura gracias a una borrachera. Estos tres bomberos estuvieron bebiendo cervezas en el pub ‘The Grapes’ antes de embarcar. Un oficial no les dejó subir a bordo en su estado.

– El primer objeto del Titanic que se recuperó es un plato con el anagrama de la ‘White Star Line’ que recogió un pescador de A Coruña en las redes de su barco hace 25 años.

– Había diez pasajeros españoles en el Titanic. Dos de ellos, Víctor Peñasco y María Josefa Pérez Soto estaban en su luna de miel. Viajaban con su criada en primera clase. La madre de él les había pedido que no se embarcaran por un mal sueño que había tenido. Ellos se inventaron una estrategia para engañarla. Dejaron escritas varias postales de París a uno de sus criados para que él se las mandara cada semana a la madre. El día del naufragio, cuando la pareja y su criada se disponían a montar en el bote número 8, Víctor cedió su asiento a una mujer con un niño en brazos. Su cadáver no apareció.

– El 16 de mayo de ese mismo año (un mes más tarde del naufragio) un barco rescató los cadáveres de dos personas de un bote. En él y en los chalecos salvavidas había señales de mordiscos, así como prendas de una mujer que no estaba en el bote.

– Un estudio reciente ha revelado que el hierro del que estaba hecho el buque no era de la mejor calidad (calidad “best, best”) sino de una inferior (calidad “best). Además, otro estudio ha revelado que los constructores usaron remaches de gran calidad en las zonas donde se esperaba una mayor presión, mientras que en la proa y la popa, donde la presión era menor, usaron otros de calidad dudosa. Por eso cuando el Titanic chocó los remaches de mala calidad saltaron y eso hizo aumentar la presión sobre los demás, que no resistieron por mucho tiempo.

Hay muchas más historias y curiosidades relacionada con el Titanic, pero es un post demasiado largo como para seguir escribiendo. Como os he dicho, me encanta esta historia, así que dad por seguro que volveré con otro capítulo…

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Un comentario el “Titanic, un siglo de mitos y leyendas

  1. Diana Román
    14 de abril de 2012

    Bienvenida a WordPress, espero que te vaya muy bien! Un besoooo

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Esta entrada fue publicada el 14 de abril de 2012 por en Noticias culturales.
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